Alexander
Alexander, gigoló en Gran Canaria, en penumbra, tumbado, con el mentón apoyado en el antebrazo y la mirada hacia quien mira.

Alexander

Nuestro tiempo, a tu ritmo

Lo que quieres.

Lo que no dices en voz alta.

Ciertos umbrales los reconoces
aún antes de cruzarlos.

Lo demás permanece fuera.

Alexander

Nunca he pensado en Alexander
como un personaje.

Es un nombre.Una línea.Una forma precisa de estar.

Para una mujer que no calla lo que siente.

Detrás de ese nombre estoy yo. El placer de la presencia,
de la atención, de la seducción cuando no se necesita ruido.

Alexander nace así: de un momento preciso. Algo que se afloja.
El tiempo que adquiere otro peso.

Demasiado cerca, me vuelvo intrusión.
Demasiado distante, me vuelvo servicio.

He aprendido equivocándome.
Guiar sin imponer, desear sin poseer.

Una presencia real. La que vuelve innecesario el artificio.
Alexander es esto.

Si has llegado hasta aquí, quizás una parte de ti ya ha decidido.

El encuentro acaba de comenzar.

Encantado.
Alexander.

Capítulo uno Toda historia tiene un comienzo. La mía nace mucho antes de estas palabras. Lee el capítulo uno

Fragmentos

Terraza con piscina infinita frente al mar al atardecer, Lanzarote. Alexander, acompañante para eventos y viajes.
Alexander, gigoló, en un retrato cercano en blanco y negro: sonríe con el rostro apoyado en el antebrazo.
La mano entre el cabello, un muro de piedra detrás: retrato pensativo en blanco y negro de Alexander, gigoló para mujeres.
Se remanga una camisa coral en un interior revestido de madera. Alexander, escort masculino para mujeres y parejas.
Gran ventanal con vistas a Las Palmas, Gran Canaria. Alexander con traje de lino claro, hombre de compañía para mujeres y parejas.
Alexander, escort masculino, recostado en un retrato en blanco y negro, la camisa abierta sobre el torso y la mirada a cámara.
Alexander, acompañante para parejas, tumbado en una hamaca en un pinar de Gran Canaria, camisa de lino y sombrero de paja.
Sonríe con la mano en el cabello sobre un fondo oscuro de tonos cálidos. Retrato de Alexander, compañía masculina para mujeres.
Apoyado en el marco de una ventana, con el torso desnudo, en un retrato atlético en blanco y negro: Alexander, acompañante.
Entra en el mar de Tenerife, de espaldas, en un desnudo artístico en blanco y negro. Alexander, hombre de compañía.
Pasarela de madera en el Parque Sur de Maspalomas, Gran Canaria. Alexander, acompañante para mujeres, chaqueta al hombro y gafas de sol.

Voces

Reflejos de encuentros reales. Cada testimonio está reescrito con cuidado para proteger la identidad de quien me lo confió. La emoción es de ellas, la discreción es mía.

¿Por qué se adaptan?

Reescribo los testimonios y las reseñas para proteger la identidad de quien me los confía y evitar que los detalles de un encuentro puedan reconstruirse. Los recibo en privado, por correo, mensajes, cartas o conversaciones, y los adapto a la voz de la web sin alterar su sentido. Elimino fechas, expresiones reconocibles y detalles que podrían identificar a quien los escribió o que alguien podría usar para hacerse pasar por una persona presente en el encuentro, o incluso por mí, y obtener información con engaños. Por eso, bajo cada testimonio que lees solo encuentras las iniciales y el lugar.

Buscaba esa intriga mental, la que hace que pierdas toda inhibición. La encontré.
S., Gran Canaria
Durante dos días no fui la esposa de nadie, la madre de nadie. Solo yo.
M., Las Palmas
Sobre todo necesitaba sentirme libre de preguntar, sin expectativas ni juicios, y es exactamente lo que sentí desde el primer intercambio de mensajes.
M., Gran Canaria
Esa noche escribí enseguida. Todavía estaba llena de aquella calma. No sabía cómo llamarla.
F., Las Palmas
Como mujer acostumbrada a razonarlo todo, me sorprendió lo fácil que fue dejar de hacerlo.
D., Tenerife
Me sorprendió con un pequeño detalle, que acabó siendo algo mío.
E., Tenerife
Volví. Sin tener que explicar por qué.
T., Maspalomas
Entendió lo que quería incluso antes de decírselo.
J., Lanzarote
No tenía palabras. Se lo dije. Él sonrió y me trajo chocolate.
B., Gran Canaria
Quizás ya nos conocíamos. No sabría explicarlo de otra manera.
C., Las Palmas
Descubrí mi cuerpo de nuevo. No sabía cuántos caminos tenía.
B., Las Palmas

Presencia

Cada encuentro tiene su dimensión.
La presencia permanece. Cambia el espacio que le concedes.

Hay momentos que viven en la nitidez de pocas horas.
Otros precisan un respiro más amplio, más lento.

No hay una forma mejor,
solo aquella que sientes tuya.

Ciertas decisiones no se toman.
Se reconocen.

La Profundidad

El tiempo como lugar.

Ciertas experiencias no admiten prisa. No es cuestión de horas. Es cuestión de ritmo.

Existe una libertad precisa: no tener que decidir de antemano lo que viene después.

Ahí, el tiempo deja de ser marco.
Se vuelve materia.

No se explican. Permanecen.

El Umbral

Un momento preciso.

Un encuentro elegido con lucidez.

El instinto ya está. Solo queda el gesto.
Franquear un umbral sin convertirlo en una promesa.

Llegas.
Te quedas.
El ruido queda fuera.

Dentro, todo lo demás espera.

Para dos

Vuestra complicidad.

Algunas parejas llegan con una idea ya formada.
Ya han hablado. Ya han elegido.

La complicidad ya está. Alexander la reconoce.

La presencia es la misma.El ritmo lo marcáis vosotros.

Hay momentos
que no
siguen el tiempo.

Lo atraviesan.

Y permanecen.

— Alexander

Llevaba meses entrando y mirando. Al final me decidí. Fue mi regalo para mí misma.

R., Gran Canaria

Si lo estás pensando, ya lo has decidido.

Cada encuentro empieza con una conversación.

Bastan dos líneas, con tus palabras. Te contesto yo.

¿Cuánto tardas en responder?

Normalmente te respondo en el día, a veces en menos de una hora. Si tardo más es porque prefiero contestarte cuando puedo hacerlo con calma. Por la noche el móvil no suena, así que tu mensaje lo veo por la mañana.

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