Del 5 al 11 de octubre, Maspalomas acogió el primer Swinger Pride Gran Canaria. Siete días de locuras en los clubes liberales del sur de la isla, encuentros en barco y fiestas a pleno sol, en un destino que lleva décadas asociado a la libertad sexual y que cada primavera celebra uno de los Orgullos LGTBI más multitudinarios de Europa. La acogida fue tan buena que los organizadores ya han anunciado la edición de 2027.
Pero, más allá de la celebración, el evento ha sacado a la luz una forma de entender la sexualidad que muchas parejas llevaban tiempo mirando de reojo, y que sigue despertando tanta curiosidad como desconocimiento. Porque una cosa es haber oído hablar del intercambio de parejas y otra muy distinta saber en qué consiste realmente, cómo se vive desde dentro y qué lleva a dos personas que se quieren a decidir compartir su intimidad con otras.
Si alguna vez os habéis hecho esas preguntas, merece la pena conocer este mundo sin prejuicios, pero también sin idealizarlo, y os lo voy a contar tal como lo conozco, desde dentro y desde las preguntas de las parejas que se lo están planteando.
Swinger Pride Gran Canaria: por qué Maspalomas
El sur de Gran Canaria reúne unas condiciones difíciles de encontrar en otros destinos europeos. La tradición naturista de sus playas, su consolidada comunidad LGTBI y una cultura turística acostumbrada a recibir a personas de procedencias y estilos de vida muy diferentes han creado un entorno donde ciertas libertades se viven con bastante más naturalidad que en otros lugares. Que el Swinger Pride naciera aquí no tiene nada de casual; era casi inevitable.

Lejos de misticismos o secretos, el Swinger Pride se vivió como unas vacaciones entre adultos, y nos recordó que en este ambiente lo que ocurre al final de la noche es solo una parte de la historia. Antes están las conversaciones que surgen apoyados en la barra y se alargan sin que nadie mire el reloj, las miradas cómplices entre parejas que empiezan a conocerse y ese interés que poco a poco se vuelve atracción. Y a veces una noche que empezó con ganas de pasarlo bien deja algo que nadie había previsto: una conexión de verdad o una amistad que sigue viva mucho después, dentro y fuera de los clubes.
¿Qué es el intercambio de parejas o swinging?
El intercambio de parejas, o swinging, como se conoce internacionalmente, es una práctica en la que dos personas que mantienen una relación estable deciden, libremente y de común acuerdo, compartir experiencias eróticas o sexuales con otras personas, generalmente con otras parejas.
La diferencia fundamental respecto a otras formas de relación no monógama está en cómo se vive esa apertura. En el swinging, lo habitual es que todo se viva a dos: ambos participan en la decisión, conocen los acuerdos y disfrutan de una actividad que forma parte de su vida como pareja, no de una existencia sentimental paralela.
Para quienes lo practican, no tiene por qué representar una búsqueda de algo que falta en su relación. Puede ser sencillamente una manera de explorar fantasías, conocer otras facetas del deseo y disfrutar de una sexualidad más variada sin renunciar al compromiso afectivo que les une.
Algunas parejas lo consideran una afición compartida. Otras prefieren hablar de una aventura ocasional, reservada para momentos especiales. Cada pareja encuentra su propia medida. Las que mejor lo viven son las que llegan al club tras haberlo decidido juntos, y para ellas la noche será redonda, independientemente de lo que ocurra con las demás parejas.
Intercambio, pareja abierta y poliamor: en qué se diferencian
Aunque a menudo se utilizan como si fueran sinónimos, el intercambio de parejas, las relaciones abiertas y el poliamor no describen exactamente lo mismo.
Imaginad tres formas distintas de organizar un sábado. En la primera, uno de los miembros de la pareja tiene una cita con otra persona mientras el otro hace sus propios planes. Ambos lo saben y están de acuerdo: es un ejemplo de relación abierta, donde se permite mantener encuentros fuera de la pareja sin necesidad de compartirlos.
En la segunda, uno de los dos mantiene otra relación sentimental, con afecto, compromisos y un espacio propio en su vida. Aquí hablamos de poliamor, una forma de no monogamia en la que pueden existir varios vínculos amorosos conocidos y consentidos por todas las personas implicadas.
En la tercera, ambos deciden acudir juntos a un club liberal, conocer a otras parejas y, si surge la atracción y todos están de acuerdo, compartir una experiencia sexual. Eso es swinging.
Claro que la realidad admite muchas combinaciones y las fronteras no siempre son tan precisas. Hay parejas abiertas que también practican el intercambio y personas poliamorosas que frecuentan el ambiente liberal. La diferencia está en la naturaleza de los acuerdos y en el tipo de relación que se desea construir.
Lo que tienen en común todas estas formas de no monogamia consensuada es algo esencial: el conocimiento y la aceptación de quienes participan.
Precisamente por eso, sus practicantes distinguen claramente el intercambio de la infidelidad. En un estudio realizado en Polonia, ninguno de los swingers entrevistados consideraba que acudir juntos a un club constituyera una forma de engaño[1].
Si os paráis a pensarlo un momento, el resultado tiene toda la lógica. Lo que convierte un encuentro en una traición es que uno de los dos se salte lo acordado, y en el intercambio los límites siguen ahí, igual de firmes que en cualquier otra pareja, con la diferencia de que los han trazado juntos y ambos saben dónde están antes de que empiece la noche.
Tampoco hay que confundir el swinging con el cuckold, una práctica en la que la excitación suele estar relacionada con ver o saber que la propia pareja mantiene relaciones sexuales con otra persona. Aunque ambas experiencias pueden coincidir en algunos escenarios, sus motivaciones y dinámicas no son necesariamente las mismas.

Los términos que vais a oír en un club swinger
En este ambiente es importante tener un mínimo de familiaridad con algunas palabras clave, porque equivocarse de término puede significar equivocarse de límite.
Qué significan ambiente liberal, soft swap y full swap
Cuando un club se presenta como liberal, o una pareja utiliza esa palabra en su perfil, está haciendo referencia a un entorno donde la sexualidad se vive con una actitud abierta y respetuosa hacia las distintas preferencias.
El término es más amplio que el intercambio propiamente dicho. Incluye a quienes practican swinging, pero también a personas que disfrutan del juego erótico compartido sin llegar necesariamente al intercambio.
Dentro de ese contexto aparecen dos expresiones inglesas que escucharéis con frecuencia:
- Intercambio parcial/Soft swap (S/S): un intercambio con límites en las prácticas sexuales. Puede incluir besos, caricias y, según los acuerdos de cada pareja, otras formas de contacto sexual, sin llegar a la penetración con otras personas.
- Intercambio completo/Full swap (F/S): el intercambio sexual completo, incluida la penetración.
Hay quien disfruta durante años del soft swap sin sentir la necesidad de ir más allá, y quien desde la primera noche tiene claro que lo suyo es el full swap. Ninguna de las dos parejas va por delante de la otra.
El playground: misma habitación, habitaciones separadas y juego en paralelo
En los clubes liberales, el playground es la zona destinada a los encuentros eróticos. Dependiendo del establecimiento, puede contar con espacios abiertos, habitaciones privadas, camas compartidas o áreas donde observar forma parte del juego.
Cada local establece sus propias normas de acceso y comportamiento, y muchos cuidan hasta el último detalle: preservativos y lubricante a disposición de todos, rollos de papel junto a las camas, duchas, baños y taquillas propias, y en algunos casos piscina, jacuzzi o incluso una barra dentro del mismo playground.
Dentro de ese espacio, cada pareja decide además si quiere estar junta o no:
- Misma habitación/Same room (SR): la pareja permanece junta y a la vista durante los encuentros. Eso les permite comunicarse fácilmente, comprobar que ambos están cómodos y compartir toda la experiencia sin perder el contacto.
- Habitaciones separadas/Different room (DR): cada uno vive su encuentro en un espacio distinto, una posibilidad que requiere acuerdos especialmente claros y confianza en que se respetarán incluso cuando el otro no esté presente.
También existe el llamado juego en paralelo, en inglés parallel play. En este caso, dos o más parejas comparten un mismo espacio erótico, a veces incluso una cama, pero cada persona mantiene relaciones únicamente con su propia pareja. El atractivo está en la presencia de los demás, en observar y sentirse observado, sin que se produzca un intercambio físico.
Para quienes quieren asomarse al ambiente, el juego en paralelo puede ser una manera de probar algo nuevo sin modificar los límites sexuales de la relación.
La piña boca abajo y SSC
Como cualquier comunidad, el ambiente liberal tiene sus propios códigos. Algunos sirven para reconocerse sin decir una palabra, en un perfil o en un detalle de lo que se lleva puesto, y uno, sobre todo, acompaña cada paso, desde la primera conversación en la barra hasta la última decisión de la noche.
El más conocido de esos guiños es la piña boca abajo. Se ha popularizado como emblema del mundo swinger y aparece en perfiles, accesorios y objetos decorativos. Eso no significa que cualquier piña invertida identifique automáticamente a alguien como miembro de la comunidad, pero conocer la referencia puede evitar alguna interpretación curiosa.

El otro código, el más importante, no aparece en ningún perfil ni se lleva colgado de la muñeca, pero se nota en cuanto se pasa un rato en un buen club, en cómo se pregunta, en cómo se espera una respuesta y en cómo se acepta un no. Es el principio que sostiene todo lo demás, y cabe en tres letras: SSC: Sano, Seguro y Consensuado.
El concepto procede del ámbito BDSM y se utiliza también en otros entornos de sexualidad alternativa para recordar que cualquier práctica debe respetar esas tres condiciones.
Al final, la libertad sexual consiste en poder decidir qué se hace, cómo y con quién.
¿Estáis preparados para el intercambio de parejas?
Antes de preguntarse si apetece probar el intercambio, conviene hacerse otra pregunta bastante menos excitante, pero mucho más importante: ¿cómo estamos realmente como pareja?
No existe un perfil único de personas preparadas para el swinging. Tampoco hace falta llevar veinte años juntos ni tener una relación perfecta, entre otras cosas porque las relaciones perfectas no existen.
Ayuda mucho, eso sí, contar con una buena comunicación, confianza y la capacidad de hablar de asuntos incómodos sin convertir cada diferencia en un conflicto.
Y, sobre todo, que la curiosidad sea compartida.
Una experiencia de este tipo difícilmente puede disfrutarse si uno participa para complacer al otro, por miedo a perderlo o con la esperanza de solucionar problemas que ya existían. La decisión tiene que pertenecer a ambos, sin presiones ni deudas emocionales.
La investigación ofrece algunas pistas interesantes. Dos académicos estadounidenses entrevistaron por separado a los integrantes de dieciséis matrimonios que practicaban swinging. Entre los elementos asociados a su satisfacción aparecía de manera recurrente la importancia de comunicarse abiertamente[2].
Un estudio polaco encontró, además, mayores niveles de apego seguro entre los participantes swingers que entre el grupo monógamo analizado[1]. Es un resultado interesante, aunque no significa que practicar el intercambio produzca por sí mismo relaciones más seguras o estables.
De hecho, una revisión de 35 estudios, con más de 24.000 participantes, no encontró diferencias generales significativas en la satisfacción de pareja entre personas monógamas y personas que mantenían relaciones no monógamas consensuadas[3].
Esto desmonta dos ideas bastante extendidas: que abrir la sexualidad necesariamente deteriora una relación y que hacerlo constituye una fórmula para mejorarla.
El intercambio no es una amenaza inevitable para una pareja sólida, pero tampoco es una terapia para una relación que atraviesa dificultades.
Ya lo comenté al hablar de hacer un trío en pareja: antes de incorporar a otras personas a vuestra intimidad, importa mucho entender qué estáis buscando y por qué.
Quizá la mejor señal de que estáis preparados sea poder decir «prefiero que no» con la tranquilidad de que esa respuesta será respetada.
Qué se siente en el intercambio de parejas
Hasta aquí hemos hablado de acuerdos, definiciones y estudios, de todo lo que se puede entender con la cabeza y hablar con calma en el sofá de casa, pero eso explica solo una parte de lo que se vive cuando por fin estáis allí.
Allí dentro, el deseo, la curiosidad, la autoestima, la inseguridad y la complicidad se mezclan de maneras difíciles de anticipar, y ella, que se siente deseada, no las vive igual que él, que la ve deseada por los demás.
Ella, deseada
Para muchas mujeres, lo primero que llega es la mirada, mucho antes que el sexo, y con ella el placer de expresar su sensualidad sin tener que justificarla ni sentirse obligadas a responder a las expectativas de nadie.

En un espacio donde el interés erótico se manifiesta abiertamente y la mirada deja claro adónde quiere llegar, sentirse atractiva adquiere una intensidad especial, y más aún sabiendo que solo ella decide qué hacer con toda esa atención.
Poder coquetear sin que eso implique una promesa. Aceptar una conversación y rechazar una propuesta sin necesidad de dar explicaciones. Disfrutar de despertar deseo sin que nadie confunda ese interés con un derecho sobre el propio cuerpo.
Un buen ambiente liberal no se reconoce por la cantidad de personas dispuestas a tener sexo, sino por la naturalidad con la que se acepta que alguien no quiera hacerlo.
También existe un contexto social más amplio. En Italia, los datos del Censis muestran cambios importantes en la manera en que las mujeres viven y entienden la sexualidad. En veinticinco años, el porcentaje de quienes declaraban haber tenido experiencias sexuales con tres o más personas pasó del 0,7 % al 6,8 %. Y la proporción de mujeres que consideran posible separar el placer sexual del amor aumentó del 35,7 % al 56,4 %[4].
Estos datos no se refieren específicamente al swinging, pero ayudan a comprender una transformación cultural en la que el deseo femenino se expresa con menos necesidad de ajustarse a modelos tradicionales.
Él, que la descubre de otra manera
Él está a su lado, en la barra o bailando con ella, cuando alguien se acerca a hablarle. La ve reírse, apartarse el pelo mientras escucha, y de pronto la mujer con la que desayuna cada mañana le parece alguien a quien acaba de conocer.
Uno de los participantes del estudio polaco explicaba que encontraba a su pareja todavía más atractiva al ver cuánto atraía a los demás[1].
Es una sensación que puede resultar sorprendente en relaciones largas. Después de años compartiendo rutinas, responsabilidades y una intimidad profundamente conocida, encontrarse con la faceta seductora del otro en un contexto nuevo puede despertar emociones que parecían reservadas al principio de la relación, como si el deseo de siempre solo hubiera estado esperando un escenario distinto para que él volviera a mirarla con los ojos de los primeros tiempos.
Y ahora, una confidencia de hombre a hombre, de esas que nadie te cuenta porque no generan clics: uno entra convencido de que vendrán a buscarle a él, y a los diez minutos descubre que el centro de la noche es ella. Las miradas, las sonrisas, las invitaciones a bailar: todo gira a su alrededor, y a vosotros os toca el papel de acompañante, con suerte orgulloso. Cuanto antes lo aceptéis, mejor lo vais a pasar, porque verla brillar así es parte de lo que habéis venido a buscar.
La complicidad
También hay parejas para las que lo más estimulante es la sensación de estar viviendo algo extraordinario juntos, pase lo que pase al final de la noche.
Elegir a quién acercarse, interpretar una reacción, compartir una fantasía que hasta entonces solo había existido en conversaciones privadas. Todo adquiere un significado particular cuando la otra persona conoce vuestra historia, vuestras inseguridades y hasta los pequeños gestos con los que expresáis lo que no hace falta decir.
Así, el intercambio puede sumar a la intimidad de la pareja una complicidad distinta de la cotidiana, algo que cada uno recordará a su manera, incluso cuando lo que más se queda de toda la noche no tiene nada de explícito.
La parte social
La vida de un club liberal va mucho más allá de los encuentros sexuales. Muchos de estos espacios funcionan también como lugares de reunión para personas que comparten una misma manera de entender el ocio, el cuerpo y la intimidad.
Verena Hug, copropietaria de uno de los mayores clubes liberales de Suiza, describe el club como una pequeña escapada de la vida cotidiana. Según explica, buena parte de sus clientes disfruta sobre todo del ambiente, el baile y la posibilidad de relacionarse con otras personas[5].

Con el tiempo, algunos encuentros dan lugar a amistades, cenas, viajes organizados o la costumbre de coincidir en los mismos eventos. Hay quienes desarrollan una verdadera vida social alrededor de esta comunidad y quienes prefieren mantenerla como una actividad ocasional.
Muchos recién llegados se sorprenden al ver que se puede participar en ese entorno sin que cada relación tenga que desembocar en algo sexual, y descubren que, en ocasiones, lo más agradable es precisamente la ausencia de esa obligación.
¿Qué pasa con los celos?
Llegamos así a una cuestión que merece especial atención, porque probablemente sea una de las primeras que aparecen cuando una pareja se plantea experimentar: ¿qué pasa con los celos?
La respuesta es sencilla: pueden aparecer, y no hay nada extraño en ello.
El hecho de aceptar racionalmente que vuestra pareja tenga contacto sexual con otras personas no garantiza que todas las emociones acompañen esa decisión con la misma facilidad.
¿Y de dónde vienen? La propia Verena Hug los relaciona principalmente con dos temores: perder a la persona querida y sentirse en desventaja frente a alguien con quien uno se compara[5].
Son sentimientos diferentes y conviene distinguirlos. No es lo mismo temer que vuestra pareja desarrolle un interés afectivo por alguien que experimentar inseguridad al pensar que otra persona pueda resultarle más atractiva o proporcionarle un placer distinto. Tampoco todos los celos indican que la experiencia haya sido un error. A veces revelan simplemente una sensibilidad que no se había manifestado antes.
Lo que marca la diferencia es cómo se gestionan. Hay parejas que aprenden a reconocer esas emociones y hablar de ellas sin culpabilizarse. Otras se dan cuenta de que hay situaciones que se les hacen demasiado cuesta arriba y deciden modificar sus acuerdos o abandonar la práctica, y ambas respuestas son igual de legítimas.
Los celos no se resuelven fingiendo que no existen. Se empiezan a entender cuando pueden expresarse sin miedo.
El pacto: qué acordar antes de ir a un club
Si hay algo que diferencia una noche satisfactoria de otra que puede dejar un mal recuerdo, es la claridad de los acuerdos.
Y esos acuerdos no deberían improvisarse en mitad de una situación excitante, cuando resulta mucho más difícil distinguir entre lo que realmente se desea y lo que uno acepta por no interrumpir el momento. O, dicho como lo diría entre amigos:
Ciertas decisiones conviene tomarlas cuando estáis seguros de que la sangre está donde tiene que estar.
Lo que se decide en casa
Antes de visitar un club, dedicad tiempo a hablar de vuestras expectativas.
Quizá a los dos os apetezca probar, pero cada uno se imagine una noche completamente distinta. Uno puede estar pensando en conocer gente y observar el ambiente; el otro, en llegar a mantener relaciones sexuales con otra pareja.
Por eso, concretad qué os apetece explorar y qué preferís reservar a vuestra intimidad.
¿Soft swap o full swap? ¿Permanecer siempre juntos o contemplar la posibilidad de separaros? ¿Qué importancia tienen los besos? ¿Os sentiríais cómodos coincidiendo con alguien de vuestro círculo de amistades o preferís mantener completamente separados esos ámbitos?
No deis por hecho que vuestras respuestas van a coincidir.
Incluso dentro de una pareja que lleva muchos años junta pueden existir diferencias importantes sobre lo que se considera íntimo, excitante o demasiado personal. Para algunas personas, un beso tiene una carga afectiva mucho mayor que algunos actos sexuales. Para otras, la frontera está en otro sitio.
Tampoco hace falta establecer un reglamento interminable. Lo esencial es identificar los límites que no queréis cruzar, saber qué cosas podrían negociarse y aceptar que las preferencias pueden cambiar cuando os encontréis en una situación real.
La protección
La protección forma parte de esos acuerdos desde el principio, y en este ambiente cobra todavía más importancia. El preservativo se usa siempre con otras personas y se cambia con cada una. Muchos clubes lo facilitan gratis, pero llevar el vuestro siempre es buena idea: nunca sabéis qué vais a encontrar, y nadie sabe mejor que vosotros lo que le va bien a vuestro cuerpo.
Hablar de salud sexual no debería resultar incómodo en un entorno donde se pretende vivir el sexo con responsabilidad. Al contrario, es una muestra de consideración hacia todas las personas implicadas.
El consentimiento, en cada paso
Aceptar una invitación, entrar en una habitación o empezar a besar a alguien no significa haber dado permiso para cualquier cosa que pueda ocurrir después.
El consentimiento se refiere a cada situación concreta y puede retirarse en cualquier momento.
En un club que respeta las buenas prácticas del ambiente liberal, nadie debería tocar a otra persona sin su autorización, insistir después de una negativa ni interpretar la falta de oposición como una invitación.
Y exactamente la misma regla se aplica dentro de vuestra pareja: que hayáis acordado la posibilidad de probar una práctica concreta no os obliga a llevarla a cabo, y es perfectamente válido daros cuenta de que algo que os parecía atractivo en casa deja de apeteceros cuando llega el momento.
Estaba permitido, no prometido.

La señal para parar
Muchas parejas establecen una palabra, un gesto o una señal discreta que cualquiera de los dos puede utilizar cuando necesita detenerse o salir de una situación.
Puede ser tan sencillo como tocar dos veces el brazo del otro o pronunciar una expresión que ambos reconozcáis inmediatamente.
Basta con que su significado esté claro de antemano y que se respete sin discutirlo en ese instante.
Si uno de los dos utiliza la señal, la actividad se interrumpe. No tiene que justificar su decisión delante de nadie ni sentirse responsable de haber estropeado la noche.
Después, en privado y con tranquilidad, habrá tiempo para entender qué ha ocurrido.
La primera vez en un club swinger: qué esperar
La idea de entrar por primera vez en un club swinger puede despertar una mezcla bastante particular de curiosidad, entusiasmo y nervios.
Es comprensible. No se conoce todavía el funcionamiento del lugar, las normas de relación entre los asistentes ni qué tipo de situaciones pueden presentarse.
Por suerte, no hace falta demostrar ninguna experiencia previa. Basta con elegir bien dónde ir y entender que vuestra primera visita no tiene por qué parecerse a lo que habíais imaginado.
Antes de entrar
Lo primero es informarse sobre el club.
Consultad su página web, las condiciones de acceso, el tipo de público al que se dirige y la programación de esa noche. Muchos establecimientos organizan eventos temáticos, con ambientes y dinámicas muy diferentes, así que elegid uno que encaje con vuestras expectativas.
Para estrenarse suele resultar más cómodo un local bien organizado, con normas claras y un ambiente social que facilite familiarizarse con el espacio sin sentirse observado o presionado.
También conviene revisar el código de vestimenta. En el sur de Gran Canaria es más relajado que en muchos clubes de las grandes ciudades europeas, porque casi todo el público está de vacaciones: basta un estilo arreglado pero informal, siempre que el bañador y las chanclas se queden en el hotel. Algunos clubes piden además cambiarse para acceder a ciertas zonas, y en las noches temáticas un solo detalle o complemento que siga el tema ayuda a sentirse parte de la fiesta.
No hace falta intentar parecer más atrevidos de lo que sois. Elegid algo que os guste, os favorezca y os permita sentiros cómodos. La seguridad en uno mismo suele ser bastante más atractiva que cualquier disfraz.
Dentro
Al llegar, normalmente encontraréis una recepción donde se comprueba el acceso y se explican las normas básicas.
En algunos locales os ofrecerán una visita guiada para enseñaros las instalaciones: vestuarios, taquillas, zonas sociales y espacios destinados al juego erótico.
La discreción se toma muy en serio: en muchos clubes no se permiten móviles ni fotos, así que dejad el vuestro en la taquilla y disfrutad del momento.

A partir de ahí, podéis recorrer el lugar, familiarizaros con su funcionamiento y relacionaros con otros asistentes a vuestro ritmo.
No existe una obligación de participar en nada. Se puede hablar con alguien sin que eso implique una propuesta sexual, observar allí donde esté permitido o simplemente disfrutar del ambiente.
Si otra pareja muestra interés y vosotros no lo compartís, un «no, gracias» debería ser suficiente. Del mismo modo, si alguien os atrae, lo razonable es acercarse con naturalidad y comprobar si el interés es mutuo.
Cuando no pasa nada, y está perfectamente bien
Si de todo lo que os he contado tuviera que quedarme con un solo consejo, sería este: podéis pasar vuestra primera noche en un club sin besar, tocar ni mantener relaciones sexuales con nadie.
Habéis conocido un entorno nuevo, observado cómo funciona y comprobado qué sensaciones os produce, y de paso habéis descubierto algo de vosotros mismos. Para una primera visita, ya es bastante.
Puede que os encante y queráis repetir. Tal vez descubráis que os gusta la parte social, pero no os interesa participar sexualmente. O quizá comprobéis que aquello que tanto os excitaba imaginar pierde atractivo en la práctica.
Todas son conclusiones útiles.
No hay ningún premio por ir más lejos de lo que os apetece ni ninguna obligación de aprovechar la ocasión porque ya estáis allí.
El día después: la conversación que más cuenta
Al día siguiente, con un café delante y la noche todavía en la cabeza, llega la conversación que más cuenta.
Preguntad qué os gustó, qué os sorprendió y si hubo alguna situación en la que os sentisteis incómodos. También merece la pena hablar de lo que esperabais encontrar y de aquello que terminó siendo distinto de lo imaginado.
Intentad escuchar sin anticipar respuestas.
A veces uno de los dos habrá disfrutado mucho y el otro tendrá sentimientos encontrados. Quizá aparezcan celos que no esperabais o notéis que algún límite necesita redefinirse.
No es necesario estar completamente de acuerdo sobre cada sensación. Lo que sí importa es que ambos podáis contar cómo lo habéis vivido sin sentir que estáis decepcionando al otro.
Y no le quitéis importancia a los pequeños malestares por conservar un recuerdo ideal. Una incomodidad expresada a tiempo puede resolverse con una conversación; si se acumula en silencio, puede terminar afectando a otros aspectos de la relación.
Después llegará la pregunta inevitable: ¿queremos repetir?
Puede que sí, con más tranquilidad y una idea mucho más clara de vuestras preferencias. Puede que os apetezca probar otro club, cambiar algunos acuerdos o limitaros a un tipo de encuentro concreto.
Pero la respuesta también puede ser no.
Hay parejas que lo prueban una sola vez, la recuerdan con cariño y no sienten ninguna necesidad de repetirla. Han satisfecho una curiosidad y han tomado una decisión juntos, y también eso es un buen final.
El intercambio de parejas es una posibilidad más entre las muchas maneras de vivir la intimidad, y solo tiene sentido cuando los dos encuentran en ella algo que realmente desean.
El Swinger Pride volverá a Maspalomas en 2027, pero no hace falta esperarlo para vivir vuestra primera experiencia swinger. Aquí en el sur, el ambiente liberal vive todo el año: prácticamente todas las noches hay algún club swinger abierto, los más conocidos de lunes a domingo, y hay hoteles liberales donde muchas parejas se quedan unos días para vivir el ambiente también de día. Allí os cruzaréis con personas con años de experiencia y con otras que todavía no saben muy bien qué esperar de su primera visita.
Unos buscarán nuevas experiencias, otros reencontrarse con amigos y algunos, simplemente, dar el paso que llevan tiempo comentando entre ellos.
No todos vivirán lo mismo, ni tienen por qué hacerlo.
Lo importante no es hasta dónde os atreváis a llegar, sino que cada decisión siga siendo vuestra.
Nota del autor
Frecuento el ambiente liberal, y muchas de las preguntas de este artículo me las han hecho parejas que se lo estaban planteando; alguna, incluso, me pidió que la acompañara en su primera noche. Lo que cuento sale de ahí y de los pocos datos disponibles. Las fuentes citadas sostienen las cifras y los resultados que menciono, cada una con sus límites: las entrevistas en profundidad trabajan con muestras pequeñas, y la encuesta italiana mide a la sociedad en general. Lo demás es observación mía, y las parejas que llegan hasta un profesional forman un grupo que ya se ha seleccionado a sí mismo.
Fuentes citadas
- Werbiłowicz, M., Ślebarska, K. y Kocur, D. J. (2026). «If you wanna swing, you gotta have good foundations», Polish Psychological Bulletin (en inglés). · Ningún swinger del estudio considera infidelidad ir juntos a un club; de sus respuestas abiertas procede la frase sobre la compañera más atractiva a los ojos de los demás. Encuentra además más apego seguro entre los swingers que en el grupo monógamo comparado. ↩
- Kimberly, C. y Hans, J. D. (2017). «From Fantasy to Reality: A Grounded Theory of Experiences in the Swinging Lifestyle», Archives of Sexual Behavior (en inglés). · Entrevistas a dieciséis matrimonios swingers: la comunicación como eje de su satisfacción. ↩
- Anderson, J. R. et al. (2025). «Countering the Monogamy-Superiority Myth», The Journal of Sex Research (en inglés). · Metaanálisis de 35 estudios y 24.489 personas: ninguna diferencia significativa de satisfacción entre monógamos y no monógamos consensuados. ↩
- Censis (2026). «Il piacere degli italiani. Sintesi dei principali risultati» (en italiano). · Encuesta a mil italianos de 18 a 60 años comparada con la de 2000: experiencias con tres o más personas y separación entre placer sexual y amor. ↩
- SRF (2024). «Liebe ohne Tabus: «Im Swingerklub kriege ich, was zu Hause nicht geht»» (en alemán). · Entrevista a Verena Hug, copropietaria del mayor club liberal de Suiza según la SRF: el club como escapada y los celos como miedo a la pérdida y a la comparación. ↩